lunes, septiembre 01, 2008

¿Tanto de anticristo? ¡No!

El reino de los cielos es un estado de la co-razón, no algo que viene del más allá o de una vida de ultratumba. Todo concepto de muerte natural falta en el Evangelio; la muerte no es un puente, un tránsito; falta porque forma parte de un mundo totalmente diferente, tan solo aparencial, útil tan solo para proporcionar signos. La hora postrera no es un concepto cristiano; la hora, el tiempo, la vida física y sus crisis, ni existen en el portador de la buena nueva…. El Reino de Dios no es algo que se espera, no tiene un ayer ni un pasado mañana, no vendrá en mil años, es una experiencia íntima, está en todas partes y no está en parte alguna.

Este portador de la buena nueva, murió como había vivido y predicado; no para redimir a los hombres, sino para enseñar como hay que vivir. La práctica es el legado que dejó a la humanidad; su conducta ante los jueces, ante los soldados, ante los acusadores y toda clase de difamación y escarnio, su conducta es la cruz. No se resiste, no defiende el-derecho, no da ningún paso susceptible de conjurar el “trance” extremo, aún más, lo provoca… Y ruega, sufre y ama a la par de los que le hacen el mal, en los que le hacen mal… No resistir, no odiar, no responsabilizar… no resistir tampoco al malo, sino, amarlo.

Solo nosotros, los espíritus emancipados, estamos en condiciones de entender algo que ha sido malentendido por espacio de veinte centurias; esa probidad hecha instinto y pasión que combate la mentira santa, aún más que cualquier otra mentira… Se ha estado infinitamente lejos de nuestra neutralidad cordial y cautelosa, de esa disciplina del espíritu sin la cual no es posible adivinar cosas tan extrañas y delicadas; en todos los tiempos se ha buscado en ellas, movidos por el ego-istmo insolente, tan solo la propia ventaja, se ha levantado sobre lo contrario del Evangelio el edificio de la iglesia…


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